Enrique Roig San Martín (1843-1889)




Nació en el barrio de Jesús María, en La Habana, el 5 de noviembre de 1843, y, tras agravarse su diabetes crónica mientras estuvo preso, falleció el 29 de agosto de 1889, en Santiago de las Vegas donde residió muchos años. 

Sus amigos lo describían alto, de abundante pelo y barba rubia y copioso bigote, lleno de energía a sus 45 años. 
Fue práctico de medicina -formado por su padre médico-, maestro de azúcar, administrador de un ingenio, lector de tabaquería, tabaquero y periodista, iniciador de la prensa obrera en Cuba. 

El 5 de febrero de 1882 fundó el Círculo de Instrucción y Recreo, de Santiago de las Vegas; alrededor de esa fecha se sumó a las prédicas de los anarquistas y luego evolucionó en sus ideas y se declaró partidario del socialismo científico. 

Era uno de los principales dirigentes de La Alianza Obrera (1885), la cual propugnaba la creación de una sola federación de trabajadores que agrupara a todos los tabaqueros sin tener en cuenta su ideología. 
Fue redactor de El Obrero (Cienfuegos, en 1882), El Cubano, editado por Fermín Valdés Domínguez; del Boletín del Gremio de Obreros (1886); colaboró también en la Revista de Agricultura, El Faro, de Santiago de Las Vegas (1880), El Artesano y La Tribuna, de Cienfuegos. 

Fundó el 12 de julio de 1887, El Productor, que dirigió hasta su muerte, radicado en el Círculo de los Trabajadores, en la calle Dragones número 39; el periódico llevó el subtítulo de Organo oficial de la Junta Central de Artesanos de La Habana a partir del 29 de marzo de 1888. 

“No hubo para Enrique Roig omisión alguna en el camino que se trazó en defensa de todos los oprimidos por el régimen social imperante, afirmó Carlos Baliño, y en las columnas de su valiente periódico se libraron las más porfiadas batallas en defensa de los obreros del campo y en los derechos reivindicativos de la atropellada raza de color”. 

De acuerdo con Fabio Grobart, también fundador como Baliño del primer Partido Comunista en este país, Roig San Martín “libró incontables batallas por la unidad y la organización de los trabajadores, el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo, el derecho a la huelga y por la formación de una conciencia internacionalista en el proletariado cubano”.

Roig San Martín y la defensa a los mártires de Chicago


Marta Denis Valle*

Obrero y periodista, Enrique Roig San Martín encabezó una gran campaña a favor de los futuros mártires de Chicago y, aunque falleció meses antes, fue precursor de la primera jornada del Primero de Mayo en Cuba. 

Desde las páginas de su periódico El Productor asumió la defensa de los ocho obreros procesados en Estados Unidos (1886-1887) y denunció el crimen legal que se preparaba, mediante artículos suyos y de otros autores cubanos y extranjeros. 

A la protesta se sumaron los gremios de litógrafos, tabaqueros, escogedores, cocheros, cajoneros, cigarreros, mecánicos, planchadores, sastres y zapateros; trabajadores tanto de La Habana como de Matanzas, Cárdenas, Cienfuegos, Villa Clara y Puerto Príncipe. 

Se constituyó un Comité de Auxilio con la participación de numerosas organizaciones proletarias de todo el país, que colectaron fondos para contribuir a la lucha por salvarles la vida y de ayuda a los familiares. 

En una asamblea, efectuada el 8 de noviembre de 1887, en el circo Jané, más de dos mil asistentes demandaron del Gobernador de Illinois el indulto de los sentenciados. 

Indignado por la noticia del cumplimiento de la pena, Roig San Martín escribió, el 17 de noviembre de 1887, el artículo En nuestro puesto, el cual comienza así: 

“Faltaríamos a nuestro deber si en los supremos instantes por que atravesamos, no se levantase nuestra voz para formular la más enérgica protesta en contra de los acontecimientos realizados en Chicago el día 11 del presente (1). 


Y afirma en los párrafos finales: 


“La historia, esa maestra severa y elocuente, nos demuestra que las ideas emancipadoras no se ahogan con sangre; y que el árbol sagrado de la libertad, cuanto más lo poda la tiranía, más lozano y lleno de vida se levanta”. 

“La historia nos enseña también que los cadalsos que la reacción levanta, la libertad los convierte en signos redentores, inscribiendo en el catálogo de los mártires a las víctimas de los tiranos”. 

Y tuvo razón; a partir de 1890 se celebró el Primero de Mayo como acción de los trabajadores del mundo, en homenaje a los mártires de Chicago y por la jornada de ocho horas de trabajo, cuya demanda estuvo en el centro de los sucesos ocurridos en mayo de 1886 en esa ciudad estadounidense. 

En Cuba, el Círculo de Trabajadores publicó la convocatoria, el 20 de abril de 1890, a celebrar una manifestación pública pacífica, y un mitin al final, “para que el gobierno, las clases elevadas y el público en general sepan o puedan apreciar cuáles son las aspiraciones de este pueblo obrero”. 

La manifestación de unos tres mil trabajadores partió del Campo de Marte –actual Parque de la Fraternidad- por la calle Reina hacia Galiano, San Rafael y Consulado, donde intervinieron unos 15 oradores. 

Un año antes, el 23 de junio de 1889, Roig San Martín publicó en El Productor su célebre artículo ¡O PAN O PLOMO!, cuyas palabras iniciales expresan: 

“Es ya demasiado tarde; las redentoras ideas socialistas encarnadas, digámoslo así, en la conciencia de los trabajadores, forman hoy la profesión de fe de las clases populares, y en vano será que se trate de extirparlas”. 

En el mismo se pronunció por “un partido esencialmente obrero que venga a establecer de una vez y para siempre la división de clases que es indispensable, y en la cual tengan cabida únicamente los hambrientos”. (2) 

Preso por las autoridades, el 25 de junio, un amigo pagó la fianza de cinco mil pesetas, tres días después; deuda saldada por suscripción popular. 

No pudo volver a la redacción dado su delicado estado de salud, aunque el 8 de agosto escribió con el título REVOLUCION: 

“Las revoluciones han sido siempre la médula de los huesos de los pueblos y no hay poder bastante para hacerlas desaparecer…En no lejano día realizaremos la más grande y fructífera de las revoluciones, la revolución social, única que acabará de una vez y para siempre con todos los privilegios y con todas las tiranías…” (3)

Notas:


(1) El Productor, 23 de junio de 1889, página 1 (Tomado de El Movimiento Obrero Cubano. Documentos y artículos. Tomo I, La Habana, 1975). 

(2) (3) Pichardo Hortensia. Documentos para la Historia de Cuba (Epoca colonial), Editora del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1965. 


La autora es historiadora y periodista.

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